Crítica: Perillán

Perillán-Portada-300x459Libro: Perillán

Autor: Terry Pratchett

Sir Terry Pratchett es un clásico de la literatura fantástica inglesa. Eso siempre lo he dicho. Además era caballero con espada construida por él mismo a partir de un meteorito, creador de un mundo tan completo y cautivador como Mundodisco y una auténtica máquina de escribir. En serio. Pratchett podía escribir casi cualquier género a una velocidad alucinante sin perder su sello personal. Por eso ataqué con tantas ganas esta novela, más orientada al público juvenil, pero igualmente maravillosa.

‘Perillán’, está ambientada en el Londres victoriano -con su humo, sus fábricas, sus carruajes y su suciedad- y se podría describir como una mezcla entre Dickens y Twain, entre crítica social dura, trágica, e ingenio cargado de buen humor.

El título de la novela es el nombre de un joven alcantarillero- aunque en inglės se llama Dodger, como el raterillo de Oliver Twist, historiaa la que Pratchett hace más de un homenaje durante el transcurso de la trama- que se gana la vida en las cloacas de la ciudad buscando las monedas y joyas que los transeúntes y ciudadanos pierden y que los alcantarilleros ganan. Porque por muy terrible que suene “mejor alcantarillero y bajar a las cloacas que ser deshollinador”. Pero su vida da un giro de 180 grados cuando se encuentra por casualidad a una dama en apuros a la que salva la vida mientras ésta estaba siendo golpeada por dos hombres. le salva la vida a una joven rubia, que está siendo golpeada por dos hombres desde un coche de caballos. Pero la chica no era una chica cualquiera y nuestro protagonista se verá envuelto en una red de conspiración europea que atraerá a matones, cazarrecompensas y al mismísimo Charles Dickens (Resulta curioso comprobar como determinadas palabras pronunciadas por el joven Perillán se convertirán en el título de alguna de las novelas de del renombrado escritor, tras apuntarlas en el cuaderno que le acompaña a todas partes).

Ésta es una novela que, como su protagonista, esconde mucho más de lo que parece. Su trasfondo es duro. Se trata la violencia de género, la pobreza y el hambre; el destino de una gente condenada desde su nacimiento a vivir y morir sin llegar a poder sacudirse una sola vez la mugre de la miseria a la que se ven abocados y temiendo que sus vidas se acaben al girar la siguiente esquina, subir a la próxima chimenea o bajar a la última alcantarilla.En ‘Perillán’ nos encontramos ante el mejor Pratchett, el de los personajes carismáticos, diálogos ingeniosos y tramas que combinan el humor con la denuncia social. El imprescindible.

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Adiós Sir Terry Pratchett, gracias por todo

Terry Pratchett me enseñó muchas cosas. Entre ellas, y probablemente la más principal, la importancia de dejar crear a tu imaginación sin tener en cuenta cual delirante pudiera parecer el resultado final a los ojos extranjeros a ese mundo. Tu mundo.

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Pratchett ha fallecido hoy. Y eso  es terrible, para todos.  Estaba lleno de contrastes  pero era  difícil no admirar  alguien que amaba tanto  la tecnología y la innovación sin dejar de lado la naturaleza y los modos de vida que venían asociados a ella. Amaba gran Bretaña, pero odiaba el imperio,  atesoraba lo rural pero despreciaba el provincianismo, era un capitalista que no estaba del todo cómodo con el concepto de riqueza, un urbanista que se solazaba en historias de polución, crimen y decadencia. Un  hombre un poco gruñón, como lo define su amigo Neil Gaiman, que aún así veía lo mejor de la humanidad y que tenía la firme creencia de que podíamos ser mejores sólo si nos parásemos a pensar un poco más.  Y además siempre sabía cuándo hacer un buen chiste.

 

Y se podía- se puede-  aprender tanto de él como escritor. Su obra era tan prolífica como consistente. Sólo unos pocos elegidos han podido realmente crear un mundo. Uno que no sólo sean las palabras las que te dicen que tienes que creer que existe, si no uno que se siente real, que palpita entre las páginas del libro y conquista tu imaginación sin que aparentemente el escritor haya hecho ningún esfuerzo.  Leer algo de Mundo Disco era como regresar al hogar.

Yo le conocí gracias a un libro de hojas gastadas que me prestó un compañero de trabajo y nunca le estaré suficientemente agradecida por haberme presentado a este Autor (con la mayúscula que se merecen las cosas importantes y verdaderas) que me hizo reír hasta de la Muerte.

“NO PIENSES EN ELLO COMO MORIR, dijo la Muerte. BASTA CON PENSAR EN ELLO COMO SALIR TEMPRANO PARA EVITAR LAS ATASCOS”. TerryPratchett – Mundo Disco

 

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Teddy

Por increíble que parezca, los osos de peluche tienen secretos. Secretos que guardan debajo de las camas de los niños cuando estos se van a dormir.  Uno de esos secretos es que los ositos de peluches se alimentan de sueños.

El que acaban de comprarle a Anna, Teddy, no es una excepción. Aquí debemos aclarar que los ositos nunca tienen malas intenciones y por eso, cuando un peluche es entregado a un niño, esté siempre comienza comiéndose los sueños desagradables. Así, Teddy se comió el miedo a la Miss T. – la profesora de su clase- y también los aterradores números que formaban cuentas que no entendía, también se comió la sombra de debajo de la escalera y la soledad de la habitación cerrada para que no entrase luz y pudiera dormir. Anna durmió tranquila.

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14- Juan Echenoz

98 páginas. Jean Echenoz no ha necesitado ni una página más- ni una menos- para describir la barbarie que se vivió en Europa entre 1914 y 1918. Y para dejar claro que uno se entrega a la tragedia como a todo: sin saber. Y eso mismo le pasa a nuestro protagonista. Anthime se monta en su bicicleta una tarde de verano, sábado, sube con esfuerzo las colinas de la Vendée y, al llegar a la cima, sin apenas vislumbrar los campos de sol que se extienden desde Nantes hasta el Atlántico, un golpe de viento lo sacude como una premonición. Es el siglo XX, aunque él no lo sabe todavía.

Echenoz se traslada -y nos traslada- de la forma más contenida posible a los días de la Gran Guerra, aquella “ópera sórdida y pestilente”, que a modo de un obús en miniatura, cambiará las vidas de cinco jóvenes amigos de la provincia de Vendée, el brumoso litoral atlántico del Loira, cuando estalla el conflicto en agosto de 1914.

Echenoz describe las caminatas campo a través, la vida en las trincheras, la lucha contra piojos y ratas, el hambre, los vómitos, las intoxicaciones por el gas, el barro, el frío y la angustia. Lo hace sin estridencias, como si fuera un notario que se limita a ver lo que pasa y dar fe de ello. No sube el tono con las explosiones ni con la muerte.

Nada de aspavientos, para eso están otros libros. Y ahí radica precisamente el éxito de este libro. Es como ese narrador que cuenta que ha vivido una gran peripecia y lo hace de forma suave, sin darse  ningún protagonismo, como si haber estado ahí y haberse comportado como un héroe fuera cosa más bien del azar o una obligación, sin mérito personal alguno. Esa sencillez – que no simplismo- que tan denostada está estos días  en el que nos creemos que la vida debería narrarse como si fuese un videoclip.

14 es un libro para leer sin prisas. 14 es un experimento que ha conseguido un resultado positivo. 14 contiene mucho más de lo que parece a primera vista. 14 no tiene más sorpresas ni giros inesperados de los que podría tener la vida real de un joven soldado que se va a luchar en una guerra terrible. Hubo momentos en los yo también que tuve miedo de fallecer en desesperanzadora trinchera por una bala perdida en ese caos sangriento.

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Crítica: Awop-Bop-a-Loo-Mop Alop-Bam-Boom

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Libro: Awop-Bop-a-Loo-Mop Alop-Bam-Boom

Autor: Nick Cohn

 

 

 

Awop-Bop-a-Loo-Mop Alop-Bam-Boom. El grito por el que comenzó el Rock&Roll. Los arrebatos místicos de los Beatles, las neuras de Bob Dylan, las borracheras de Janis Joplin, la máquina perfecta que fueron Las Supremes, las caderas de Elvis, los morritos de Mick Jagger. El sonido de la guitarra en un riff enloquecido y un grito desgañitandose porque los padres son injustos y, por una vez, el mundo es adolescente y sólo importa el rock.

Ese rock que fue el eje de la vida de Nick Cohn.  Awop-Bop-a-Loo-Mop Alop-Bam-Boom no es sólo el grito imposible de Little Richard resumiendo así la esencia del pop, del rock y de todo lo que era bueno y adolescente en aquel momento, también es el título del libro en el que Nick Khon nos intenta explicar qué es exactamente el rock. Aunque tampoco lo consigue porque uno no puede explicar la música. Al final es un libro escrito por un el Nick más fan, que defiende los errores de aquellos grupos que le llegaron al corazón y que crucifica a los que no le gustaron.

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Poesía

Este poema surgió de un trabajo de clase, en el que teníamos que inspirarnos en otro escritor. Hace tanto que lo hice que no recuerdo quien era el escritor elegido, pero la he encontrado hoy, en una carpeta y nunca escribo poesía y he querido compartirlo.

 

Ansío de ti mis lunas, mis dolidas madrugadas

los escasos momentos logrados

entre tantas horas perdidas.

Ansío el cielo.

 

Por ti, ansío lo inacabado y las gotas de lluvia caídas

las palabras vivas frente al olvido,

los sueños que prometías aún siendo quimeras

Ansío soñar contigo, ansío quererte

 

Pero en el amanecer de nuestras horas perdidas

donde sólo quedaron los pocos segundos logrados

Comprendo que quizá yo no soy yo

si sólo te ansío dormida

 

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Si tan sólo…

Todo iría tan bien si tan sólo no dejases la ropa por toda la casa. Si simplemente me hubieses dado las gracias alguna vez. Si no cambiases de canal compulsivamente cada vez que hay anuncios hasta que ya no sabemos que estamos viendo. Si sólo, al menos una vez, hiciésemos algo más allá de lo de siempre, seguro que todo iría mejor. Todo sería tan fácil, si no me llevases la contraria a todo lo que digo. Si preguntásemos de verdad como nos ha ido el día y no sólo por educación. Si no quisiera lanzarte el trapo de la cocina a la cara cuando veo las migas en la mesa. Si riéramos como al principio.  Si yo no tuviera tantas cosas que callarme y tú tuvieses algo que decirme

Todo sería tan sencillo si simplemente no nos hubiésemos dejado de querer

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Espejo

Durante largo rato, mi reflejo me mira serio, concentrado. El tiempo se desgrana despacio y con él se lleva mi rostro. Los ojos cada vez más enrojecidos me miran desde el cristal, las sombras de cansancio cada vez más visibles. Las partes se separan, mi rostro se diluye. Ojos, nariz, boca y cuello parecen desligarse. Conviviendo en un rostro que ya no es tal. La boca se abre para coger aire, en una gran bocanada, pero los ojos están demasiado ocupados retando a sus contrarios para no siquiera inmutarse. Cada vez más serios, más rojos, más vacíos.

El pecho de mi reflejo sube y baja con rapidez, sin resuello. Las manos apretadas para no moverse. Y la mirada impertérrita prosigue su particular lucha para no dirigirse al fondo, a la sombra que acecha por el rabillo del ojo. Ese movimiento imperceptible allí en el fondo de la brillante superficie antes de parpadear. Así que no lo hace. Y ya no hay boca, no hay nariz, ni siquiera la respiración inquieta. Sólo unos ojos que no parpadean.

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Matar dragones con espadas de madera

Erase una vez… Quizás esta historia no debería comenzar así, ese es el comienzo de los cuentos y esto no es un cuento. Es la trastienda de un cuento. Es una historia de cuando los lobos aún consideraban que merecía la pena hablar con los humanos, de cuando las calabazas se convertían en carrozas y los reyes eran tenían magos que les ayudaban (o no) a gobernar bien el reino (o  no).

En esta época había muchos reyes, y muchas princesas. Pero la población de príncipes escaseaba. Y esto era un serio problema, porque si no había príncipes… ¿Quién iba a librar a las princesas de sus maldiciones, de sus madrastras? En definitiva, sin príncipes no había quien terminase las historias. Es por eso que cuando nacieron dos pequeños príncipes, de dos pequeños reinos, todo el mundo estalló de alegría. Les llamaron el Príncipe encantador y el Príncipe Azul y todos soñaban con su rescate a las princesas y su maravillosa vida en palacio. Las fábulas se crearon antes de que las salvaran, y su leyenda creció y creció mientras los dos pequeños príncipes crecían juntos jugando a matar dragones y a salvarse el uno al otro de innombrables peligros con sus espadas de madera.

Crecieron y crecieron, siempre juntos, altos, apuestos, inteligentes y bondadosos (eran príncipes al fin de al cabo), pero había algo que no cuadraba en este maravilloso mundo de cuento. Y es que realmente esto no es un cuento, y a nuestros dos principitos las princesas les daban igual. Eran molestas, se desmayaban cada dos por tres (una de ellas no hacía más que quedarse dormida en medio de todos los juegos y era una aguafiestas) y lo peor de todo, les preguntaban que tenían que hacer cada dos segundos. Ellos dos juntos se sobraban y se bastaban. Esto tenía muy preocupados a los monarcas, porque la superpoblación de princesas era importante (estaba la narcoléptica, esa que vivía en concubinato con unos enanos, aquella otra que tenía agorafobia y se había encerrado en una torre sin puertas y se negaba a salir…), todas necesitaban ayuda y sólo tenían dos príncipes, que encima estaban más interesados el uno en el otro que ayudar a esas pobres damiselas.

Los monarcas y sus consejeros, se reunieron en un gran Concilio internacional para solucionar este grave problema, aprovechando que los príncipes andaban explorando el reino (y de paso otras cosas) en busca de princesas (besar princesas dormidas forma parte de los deberes ineludible de todo príncipe de fábula que se precie). El Concilio decidió que lo mejor era separarles de raíz. Que cada uno realizase las exploraciones en una punta distinta de los reinos. Así podrían enamorarse de las princesas, ser felices y comer perdices.

Y así se hizo. Pese a las protestas de los dos pobres príncipes, se envió a cada uno a una punta de los reinos. A uno le enviaron a matar un dragón negro y morado, que al príncipe le pareció bastante bonito todo hay que decirlo, y al otro le enviaron a supervisar el estado de los bosques (había rumores de que los lobos volvían a intentar comer niñas, de momento sólo una había sido lo bastante estúpida como para caer en su trampa y ponerse en peligro…pero nunca se sabe). Ambos se encontraron con una princesa dormida (aunque el príncipe azul, conociendo a la madre de la suya, tenía la sospecha de que Blancanieves  lo que tenía era una sobredosis, pero nunca se lo dirá a nadie). Ambos la besaron…y para su desgracia ambas se despertaron.

En la boda hubo perdices, pero no príncipes felices. Princesas si, hubo una feliz (demasiado), la pobre Bella durmiente, se pasó toda su boda haciendo honor a su nombre dando cabezadas, así que no se enteró de mucho.

Podría parecer que los príncipes no fueron felices nunca, porque los cuentos paran en la boda. Pero esto no es un cuento. Así que supongo que puedo contaron un poco más.

Blancanieves, después de tener un robusto niño, desapareció del palacio y los rumores apuntan a que volvió con sus enanitos. Cuando más tarde le preguntaron, afirmó que su vida sexual era ahora mucho más plena.

La Bella durmiente, decidió que estar despierta durante tanto tiempo era una pesadez. Las discusiones maritales con su marido eran épicas y hacían temblar los cimientos del castillo. Fueron el primer divorcio principesco de la historia de las fábulas. Buscó a la bruja del reino, le pidió una torre, unas zarzas, y volvió a quedarse dormida. En la entrada puso un cartel que ponía “No besar, no molestar”.

Nuestros príncipes unieron los dos reinos, en el primer matrimonio gay de los cuentos.

La madre del príncipe azul tuvo un ataque de ansiedad cuando se enteró.

El padre directamente se desmayó.

El padre del príncipe encantador estaba demasiado ocupado riéndose del otro rey como para preocuparse de con quien se casaba su hijo.

La madre dijo “Estupendo, se ven tan bien juntos.” Más tarde organizó la primera asociación de apoyo a la comunidad LGTB en el mundo literario.

Y colorín colorado….

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Crítica: American Gods

Libro: American Gods

Autor: Neil Gaiman

Publicación: Norma Editorial

Debo confesar que me encanta cuando los autores traen personajes mitológicos o de las historias al mundo actual. A este mundo que ha perdido de vista los mitos que antaño le daban tanto sentido a las cosas. Y parece que Neil Gaiman es de mi misma opinión.

En ‘American Gods’ nos presenta toda una galería de dioses abandonados, patéticos, olvidados, obligados a vivir en la marginalidad. Unas figuras tristes, dignas de un esperpento de Valle Inclán, que se aferran a los resquicios de su antigua gloria y luchan con uñas y dientes para sobrevivir.

‘American Gods’ es la novela más larga de Neil Gaiman, también posiblemente sea la que tiene más premios aunque eso sea lo de menos. O la amas o la odias. O te entusiasma o te aburre. Si consigues entrar en la dinámica casi hipnótica, circular, que propone Gaiman disfrutarás de uno de los viajes por la América profunda más mágicos que pueda imaginar alguien.

Una novela en la que se ve claramente el amor del escritor por los protagonistas de aquellas historias que hace años se narraban alrededor del fuego para darle una explicación al mundo. Especial mención a la escena en la que Zorya de la Estrella de medianoche, le regala a Shadow la Luna o al magnifico dúo formado por  el Señor Jacquel (Anubis) que junto con el Señor Ibis (Thot) es el dueño de una funeraria en Cairo, un pequeño pueblecito en lo más profundo de estados Unidos.

Estados Unidos es un país creado por inmigrantes, que han llegado de todo el globo para asentarse en esta vasta tierra, está en la propia idiosincrasia de esa nación. Y cada grupo ha llegado con sus ilusiones, sus esperanzas, sus miedos, sus deseos, sus tristezas… y sus dioses. Dioses que viven, son corpóreos y crecen o menguan en poder dependiendo de la creencia de la gente. Dioses que dependen de la adoración de humanidad que cada vez se aleja más de ellos. Son dioses que trabajan en supermercados, bares, o el gobierno. Dioses que roban,se prostituyen, dioses que mendigan o dioses que asesinan. Dioses antiguos, viejos, “clásicos”. Dioses temerosos.
Asustados  por los nuevos dioses que están acaparando la atención de la humanidad: la televisión, Internet, Hollywood, las ciudades, el consumo, los coches… todos ellos personificados en individuos elegantes, nuevos, “modernos”. Vacíos vacuos, caprichosos y hasta excesivamente violentos.

En definitiva un derroche de cultura mitológica, de imaginación y de esa peculiar sensibilidad con la muerte y lo sobrenatural que convierten los libros de Neil Gaiman en una experiencia única.

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