Decisiones


Era su último día allí. Miró la habitación, ahora sólo ocupada por una simple cama y las paredes ahora desnudas y suspiró. Las últimas luces del día se reflejaban en un poderoso naranja en los ladrillos del que había sido su hogar durante años. Pero la fábrica había cerrado y con ella las casas que se habían construido a su alrededor se habían quedado vacías lentamente. Un barrio naranja de fantasmas obreros y de ilusiones perdidas. Sus ilusiones.

Sentada en la cama dejó que el día se despidiese de ella. Dejó que la brisa del atardecer le provocase un escalofrío y le pusiese la piel de gallina. El armario también estaba vacío, no tenía sentido intentar evitarlo. Era bueno notar algo. Percibía el roce de las sábanas en las piernas. Ásperas. Ahora hasta sus sábanas eran ásperas. Inspiró. Exhaló. Sopesó sus opciones y no le parecieron muy alentadoras. Volver con su madre y escuchar durante años un “te lo dije”; abusar de la hospitalidad de una amiga, pedir ayuda a su hermano y que éste se lo contase a su madre y, por lo tanto, volver al “Te lo dije, si hubieras estudiado, pero no… para qué vas a escuchar a tu pobre madre, que sabré yo, si sólo te he criado”.

El sol desaparece detrás de la fábrica que ahora es una mole oscura. En la habitación hace frío. Se tumba y se envuelve en la aspereza de sus sábanas. Mañana llamaría a su hermano.

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