Un, dos, tres… Rock´n´Roll


A veces el mundo es perfecto. Si no te lo crees prueba a estar en una habitación con Los Eagles en el gramófono demostrando como de cojonudas pueden ser unas progresiones de guitarra cuando sigues la curva de una espalda a su ritmo. Cada nota es una caricia y cada silencio tu lengua en una peca y una cicatriz distintas. Y eso es infinitamente mejor cuando la espalda en cuestión es la de Rober, la espalda más pluscuamperfectamente larga con la que has tenido el placer de encontrarte. Ahora intenta decirle a Santi Nervión, renegado en su propia casa, puro rock´n´roll que eso no es perfecto. Si no lo es, se parece bastante.

La primera vertebra de la base de la nuca brilla con el sudor.

Rober da gracias a todos los dioses, paganos y cristianos, conocidos y desconocidos, estén o no estén escuchándole por haber cruzado a Santi en su camino. El que Santi, Casanova irremediable, toda una leyenda susurrada entre risas sofocadas en los dormitorios femeninos y entre murmullos de admiración en los masculinos; Santi , ese que huele a tabaco, cuero y gasolina le haya elegido a él, precisamente escapa a su comprensión. Lo que Rober no sabe es que Santi da gracias a todos y cada uno de esos mismos dioses porque aquel primer día un chico de nariz interminable y labios imposibles, con ropa que siempre daba la impresión de quedarle demasiado grande aunque fuese tan alto que le fuese imposible no resultar desgarbado, entrase en su vagón para ir al colegio y le pidiese por favor (Atención ¡Por favor! A él, que lo más amable que le había dicho su madre en casa era “Santiago compórtate, no avergüences a la familia o haré que te arrepientas” murmurado entre una falsa sonrisa que podría helarle la sangre al más frio de los asesinos)  que si podía sentarse, fue lo mejor que pudo haberle pasado. Y lo sabe. En un principio estuvo tentado de bufarle y despanzurrarse aún más en el asiento y que se atreviese a intentarlo si quería. Pero en lugar de eso cuando el flacucho estaba a punto de salir por la puerta quitó las botas llenas de barro del asiento de enfrente y dijo “Eh tu ¿Te sientas o no?”. Cuando a Santi su madre le dice que no sabe hacer nada bien siempre piensa “Y una mierda, dejé sentarse a Rober, estúpida”.

Dos, si Rober tuviese alas estas nacerían en esa cicatriz tan larga que tiene entre los omoplatos.

Rober es todo huesos. Y bastante blancucho,  tiene tantas pecas que parece que en el jardín se sienta con un colador delante de la cara. Y realmente no entiende cómo es posible que Santi consiga estar moreno hasta en invierno. Porque él en su abanico cromático referente a la piel solo conoce dos colores: blanco inglés y rojo cangrejo. Muy británico todo.  El color de Santi probablemente tenga bastante que ver con que se pase la vida entrenando. Gritando a pleno pulmón (que para algo es el capitán del equipo de fútbol) las frases más coloristas que se le ocurren. Una vez le oyó recurrir a Shakespeare y todo, San Crispín más concretamente. Rober hace tiempo intentó hacer algo de deporte (más que nada porque sino Juan y Santi no le iban a dar un segundo de paz). A los 3 segundos estaba en suelo.  Tuvo que prohibir a Santi que le siguiese por todo el colegio apartando cualquier cosa o persona mínimamente peligrosa durante todo el día.

Tres, en la curva de la espalda sus vertebras desaparecen en un surco.

La primera vez que se besaron fue sin manos. Estaban discutiendo sobre el nivel de estupidez de ese chico con el que Rober pasaba tanto tiempo últimamente. “¡Por todos los demonios Rober!, que seas gay vale, ¿Pero con un empollón? ¡Si tiene cara de topo!”. Y entonces Rober dijo algo perfectamente lógico y calmado y bastante pasivo-agresivo, para que negar lo evidente.  En resumen, ejerció de Rober. Y entonces Santi grito explotó y pataleó como un niño cuando le quitan una piruleta, es decir se comportó como Santi. Cuando más tarde le contaban esta historia a Juan, Santi negó esta parte, porque es evidente que Santiago Nervión  no patalea, enfrenta el mundo a su furia. James afirmó “evidentemente, sí, claro” y luego miró a Rober por encima de las gafas mientras le guiñaba el ojo. El siguiente recuerdo de aquella discusión incluye a un Rober acorralado contra la pared, un Santiago Nervión tan enorme como su ego, labios, saliva y más lengua de Santi de la que Rober creyó ser capaz de soportar sin sufrir un ataque cardiaco.

Cuatro, si repasas con la lengua esa cicatriz que sale de la base de la columna y se pierde en la cinturilla del pantalón, Rober no puede reprimir una exclamación sofocada.

Rober no soporta los malos modales. Todo lo acompaña con un “por favor” o con un “gracias”. Debe ser la ascendencia inglesa. De todas formas nunca ha podido hacer alarde de esa educación en casa de los Nervión. Demasiado poco sofisticado, demasiado peligroso para lo que esa familia considera adecuado.  Aún así ha tenido vislumbres de esas fiestas. Generalmente de los preparativos, ya que va antes para no cruzarse con los invitados. Pero un día tuvo que volver a recoger la chaqueta. Aún recuerda los gritos “¡Avergonzaste a la familia!  ¡No te pago un colegio de pago para que tires el tenedor al suelo!” los golpes y los gemidos ahogados. En casa de los Nervión la mala educación y la torpeza se pagan caras. Al día siguiente en el comedor del colegio cuando Santi  comenzó un concurso de eructos con Juan, Santi le pasó la gaseosa.

Cinco, en el omóplato derecho Rober tiene un lunar que a Santi le resulta imposible no morder.

A Rober siempre le han gustado los chicos. A Santi siempre le han gustado las chicas. Rober se enamoró de Santi. Santi se enamoraba de todas… y se quedó con Rober. A Rober le gustaba Benny Goodman y Keats. Santi veneraba a Jagger y compró “Las flores del mal “de Baudelaire porque le gustó el título. Los libros de Rober estaban perfectamente apilados en su mesa, los de Santi estaban escondidos debajo de la cama porque la poesía es de cursis. Pero extrañamente juntos forman una melodía perfectamente acompasada, los domingos, estirados lánguidos entre las sábanas revueltas.

Hace bastante rato que los Eagles abandonaron el Hotel California. Y sinceramente no importa, porque Rober se da la vuelta debajo de él con una sonrisa en la cara.

-Se acabo el tiempo del Rock´n´roll, ahora te voy a hacer bailar twist.

Anuncios

3 comentarios

Archivado bajo creación propia

3 Respuestas a “Un, dos, tres… Rock´n´Roll

  1. Hay cosas buenas y cosas buenísimas. Desde que te ví supe que harías cosas hermosas. Me parece un cuento issuperable. Gracias Rakeltxu por todo lo hermoso que escribes y nos das para leer.

  2. María Jesús

    Un relato precioso.Me encanta como escribes.

  3. mariasun

    Hemos disfrutado con cada palabra,cada giro.
    Cariño,que bonito tu forma de escribir,aunque no podria ser malo viniendo de ti, aun es mejor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s