Crítica: Los Juegos del Hambre


Libro: Los Juegos del Hambre

Año: 2008

Publicación: RBA

Cuando el apocalipsis ha llegado y se ha ido lo que queda en la tierra es el Estado de Panem. Trece distritos pensados para sustentar a unos pocos privilegiados: El Capitolio. Cuando los distritos más pobres se rebelan el mensaje del Capitolio es alto y claro: Volved a rebelaros y haremos algo peor que mataros, mataremos a vuestros hijos.

Y así es cómo nos sitúan en los Juegos del Hambre, un reality de televisión en los que dos menores de cada distrito elegidos por sorteo se enfrentan entre sí en una lucha a muerte en la que sólo puede quedar uno. Cuando es elegida la hermana de Katniss Everdeen, esta no duda en ofrecerse voluntaria para ir en su lugar. Y eso sólo es el principio.

A medio camino entre el mito griego de Creta y su minotauro y la famosa película ( y manga) japonesa Battle Royale, este libro de los Juegos del Hambre intenta ser algo más que un libro juvenil al uso y lo mejor es que hay momentos en que lo consigue. Es cierto que el triángulo amoroso que tanto gusta a las adolescentes está ahí, igual que cierta pereza narrativa en ciertos momentos. Pese a esto, los Juegos del Hambre es un libro que muestra un mundo descarnado, mucho más cruel y crudo de lo que se suele ver en estos libros. Señala justo donde quiere señalar y hurga en la herida. ¿Qué nos ocurre con los realities? ¿De verdad necesitamos tanto el morbo? ¿Seríamos capaces de ver morir a veinticuatro niños y disfrutar mientras lo vemos? ¿Y la política? ¿Hasta dónde hay que aguantar antes de levantarte y gritar que ya basta? Las respuestas a estas preguntas no son fáciles en este libro, no están tamizadas por lo que se supone que uno no debe decirle a una mente joven. Lo que es, es y no hay más que hablar.

Muchos, a raíz del estreno de la película, han comparado estos libros con otra saga mucho más amorosa: Crepúsculo. No es el caso, aquí la supervivencia, la integridad y la política son mucho más importantes que quien es el amor de tu vida. Además, a diferencia de las otras novelas, Suzanne Collins sí sabe manejar los momentos heroicos y dramáticos logrando que cómo mínimo quieras seguir leyendo e incluso que te emociones.

No es un libro original en cuanto a trama, pero sí que es refrescante en el tratamiento de la misma. Como mínimo merece la pena darle una oportunidad.

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