Matar dragones con espadas de madera


Erase una vez… Quizás esta historia no debería comenzar así, ese es el comienzo de los cuentos y esto no es un cuento. Es la trastienda de un cuento. Es una historia de cuando los lobos aún consideraban que merecía la pena hablar con los humanos, de cuando las calabazas se convertían en carrozas y los reyes eran tenían magos que les ayudaban (o no) a gobernar bien el reino (o  no).

En esta época había muchos reyes, y muchas princesas. Pero la población de príncipes escaseaba. Y esto era un serio problema, porque si no había príncipes… ¿Quién iba a librar a las princesas de sus maldiciones, de sus madrastras? En definitiva, sin príncipes no había quien terminase las historias. Es por eso que cuando nacieron dos pequeños príncipes, de dos pequeños reinos, todo el mundo estalló de alegría. Les llamaron el Príncipe encantador y el Príncipe Azul y todos soñaban con su rescate a las princesas y su maravillosa vida en palacio. Las fábulas se crearon antes de que las salvaran, y su leyenda creció y creció mientras los dos pequeños príncipes crecían juntos jugando a matar dragones y a salvarse el uno al otro de innombrables peligros con sus espadas de madera.

Crecieron y crecieron, siempre juntos, altos, apuestos, inteligentes y bondadosos (eran príncipes al fin de al cabo), pero había algo que no cuadraba en este maravilloso mundo de cuento. Y es que realmente esto no es un cuento, y a nuestros dos principitos las princesas les daban igual. Eran molestas, se desmayaban cada dos por tres (una de ellas no hacía más que quedarse dormida en medio de todos los juegos y era una aguafiestas) y lo peor de todo, les preguntaban que tenían que hacer cada dos segundos. Ellos dos juntos se sobraban y se bastaban. Esto tenía muy preocupados a los monarcas, porque la superpoblación de princesas era importante (estaba la narcoléptica, esa que vivía en concubinato con unos enanos, aquella otra que tenía agorafobia y se había encerrado en una torre sin puertas y se negaba a salir…), todas necesitaban ayuda y sólo tenían dos príncipes, que encima estaban más interesados el uno en el otro que ayudar a esas pobres damiselas.

Los monarcas y sus consejeros, se reunieron en un gran Concilio internacional para solucionar este grave problema, aprovechando que los príncipes andaban explorando el reino (y de paso otras cosas) en busca de princesas (besar princesas dormidas forma parte de los deberes ineludible de todo príncipe de fábula que se precie). El Concilio decidió que lo mejor era separarles de raíz. Que cada uno realizase las exploraciones en una punta distinta de los reinos. Así podrían enamorarse de las princesas, ser felices y comer perdices.

Y así se hizo. Pese a las protestas de los dos pobres príncipes, se envió a cada uno a una punta de los reinos. A uno le enviaron a matar un dragón negro y morado, que al príncipe le pareció bastante bonito todo hay que decirlo, y al otro le enviaron a supervisar el estado de los bosques (había rumores de que los lobos volvían a intentar comer niñas, de momento sólo una había sido lo bastante estúpida como para caer en su trampa y ponerse en peligro…pero nunca se sabe). Ambos se encontraron con una princesa dormida (aunque el príncipe azul, conociendo a la madre de la suya, tenía la sospecha de que Blancanieves  lo que tenía era una sobredosis, pero nunca se lo dirá a nadie). Ambos la besaron…y para su desgracia ambas se despertaron.

En la boda hubo perdices, pero no príncipes felices. Princesas si, hubo una feliz (demasiado), la pobre Bella durmiente, se pasó toda su boda haciendo honor a su nombre dando cabezadas, así que no se enteró de mucho.

Podría parecer que los príncipes no fueron felices nunca, porque los cuentos paran en la boda. Pero esto no es un cuento. Así que supongo que puedo contaron un poco más.

Blancanieves, después de tener un robusto niño, desapareció del palacio y los rumores apuntan a que volvió con sus enanitos. Cuando más tarde le preguntaron, afirmó que su vida sexual era ahora mucho más plena.

La Bella durmiente, decidió que estar despierta durante tanto tiempo era una pesadez. Las discusiones maritales con su marido eran épicas y hacían temblar los cimientos del castillo. Fueron el primer divorcio principesco de la historia de las fábulas. Buscó a la bruja del reino, le pidió una torre, unas zarzas, y volvió a quedarse dormida. En la entrada puso un cartel que ponía “No besar, no molestar”.

Nuestros príncipes unieron los dos reinos, en el primer matrimonio gay de los cuentos.

La madre del príncipe azul tuvo un ataque de ansiedad cuando se enteró.

El padre directamente se desmayó.

El padre del príncipe encantador estaba demasiado ocupado riéndose del otro rey como para preocuparse de con quien se casaba su hijo.

La madre dijo “Estupendo, se ven tan bien juntos.” Más tarde organizó la primera asociación de apoyo a la comunidad LGTB en el mundo literario.

Y colorín colorado….

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo creación propia

Una respuesta a “Matar dragones con espadas de madera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s