Teddy


Por increíble que parezca, los osos de peluche tienen secretos. Secretos que guardan debajo de las camas de los niños cuando estos se van a dormir.  Uno de esos secretos es que los ositos de peluches se alimentan de sueños.

El que acaban de comprarle a Anna, Teddy, no es una excepción. Aquí debemos aclarar que los ositos nunca tienen malas intenciones y por eso, cuando un peluche es entregado a un niño, esté siempre comienza comiéndose los sueños desagradables. Así, Teddy se comió el miedo a la Miss T. – la profesora de su clase- y también los aterradores números que formaban cuentas que no entendía, también se comió la sombra de debajo de la escalera y la soledad de la habitación cerrada para que no entrase luz y pudiera dormir. Anna durmió tranquila.

Pero ocurre una cosa. Un pequeño detalle sin importancia, si le preguntais a Teddy. Y es que los buenos sueños: los castillos encantados, los cuentos interminables, las horas de juego con sus amigos, el abrazo de sus padres, comer chocolate a escondidas…todo eso era mucho más sabroso y alimentaba más que las tristes pesadillas que comía todos los días. Así que un día se comió un cachito. Y escondió ese secreto debajo de la cama. Esa noche no pasó nada, Anna volvió a dormir tranquila.

La segunda noche Teddy no pudo resistirse a dar un par de bocados más. ¡Los sueños alegres sabían tan bien! Total, Anna ni lo había notado. La tercera noche se comió uno entero y  Anna se revolvió inquieta por la noche.  Secretos y más secretos iban a parar debajo de la cama.

Al final teddy devoraba y devoraba. Se olvidó de los malos sueños. Anna cada vez dormía peor y sus padres comenzaron a preocuparse. La psicóloga les dijo que lo que tenían que hacer es separarla del oso de peluche. Pero Anna recordaba cómo había eliminado los malos sueños hace ya tiempo y no dejaba que le quitaran a Teddy de los brazos.

Mientras tanto, los secretos de Teddy habían ido cobrando vida debajo de la cama: las pesadillas desechadas, las inseguridades ignoradas y los miedos infundados comenzaron a tomar forma, a crecer y a convertirse en un monstruo enorme. A estos secretos no les gustaba ser ignorados y no les gustaba para nada que ese osito desvergonzado se comiese los buenos sueños uno tras otro. Hay una cosa que debeis saber de los secretos: no les gusta nada ser ignorados y mucho menos les gusta que atosiguen a alguien que deberían atormentar ellos.

Así pues, esa noche, el monstruo se arrastró lentamente de la cama,  y agarró a Teddy de la pata. El oso se defendió con todo lo que tenía, la batalla fue encarnizada. El relleno de algodón volaba por doquier, el monstruo enseñaba unos dientes amarillos enormes y Teddy se defendía con todo lo que tenía a su alcance: tijeras, lápices, lanzó a otros muñecos, trepó por Anna para intentar alejarse de su destino… pero fue inútil. El monstruo finalmente le consiguió asestar un zarpazo mortal.

El monstruo, satisfecho, volvió a su lugar debajo de la cama y sonrió satisfecho al escuchar un  “gracias” somnoliento de Anna.

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3 comentarios

Archivado bajo creación propia

3 Respuestas a “Teddy

  1. Muy bonito. Como todos los cuentos pienso que tienen un trasfondo tremendo y que es tan bueno que daría origen para muchos estudiosos de la anatomía del cuento. ¿Cuentos infantiles? Dónde? Yo me animaría a que lo ilustraras y presentarlo para publicar. Es un hermoso trabajo.

  2. rafael segredo

    Wow!!! Cómo me gustaría poder escribir así!!! Pero bueno, los Dones se reparten, no todos tenemos lo mismo!

    Abrazos, Rafa

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