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Teddy

Por increíble que parezca, los osos de peluche tienen secretos. Secretos que guardan debajo de las camas de los niños cuando estos se van a dormir.  Uno de esos secretos es que los ositos de peluches se alimentan de sueños.

El que acaban de comprarle a Anna, Teddy, no es una excepción. Aquí debemos aclarar que los ositos nunca tienen malas intenciones y por eso, cuando un peluche es entregado a un niño, esté siempre comienza comiéndose los sueños desagradables. Así, Teddy se comió el miedo a la Miss T. – la profesora de su clase- y también los aterradores números que formaban cuentas que no entendía, también se comió la sombra de debajo de la escalera y la soledad de la habitación cerrada para que no entrase luz y pudiera dormir. Anna durmió tranquila.

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Poesía

Este poema surgió de un trabajo de clase, en el que teníamos que inspirarnos en otro escritor. Hace tanto que lo hice que no recuerdo quien era el escritor elegido, pero la he encontrado hoy, en una carpeta y nunca escribo poesía y he querido compartirlo.

 

Ansío de ti mis lunas, mis dolidas madrugadas

los escasos momentos logrados

entre tantas horas perdidas.

Ansío el cielo.

 

Por ti, ansío lo inacabado y las gotas de lluvia caídas

las palabras vivas frente al olvido,

los sueños que prometías aún siendo quimeras

Ansío soñar contigo, ansío quererte

 

Pero en el amanecer de nuestras horas perdidas

donde sólo quedaron los pocos segundos logrados

Comprendo que quizá yo no soy yo

si sólo te ansío dormida

 

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Si tan sólo…

Todo iría tan bien si tan sólo no dejases la ropa por toda la casa. Si simplemente me hubieses dado las gracias alguna vez. Si no cambiases de canal compulsivamente cada vez que hay anuncios hasta que ya no sabemos que estamos viendo. Si sólo, al menos una vez, hiciésemos algo más allá de lo de siempre, seguro que todo iría mejor. Todo sería tan fácil, si no me llevases la contraria a todo lo que digo. Si preguntásemos de verdad como nos ha ido el día y no sólo por educación. Si no quisiera lanzarte el trapo de la cocina a la cara cuando veo las migas en la mesa. Si riéramos como al principio.  Si yo no tuviera tantas cosas que callarme y tú tuvieses algo que decirme

Todo sería tan sencillo si simplemente no nos hubiésemos dejado de querer

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Espejo

Durante largo rato, mi reflejo me mira serio, concentrado. El tiempo se desgrana despacio y con él se lleva mi rostro. Los ojos cada vez más enrojecidos me miran desde el cristal, las sombras de cansancio cada vez más visibles. Las partes se separan, mi rostro se diluye. Ojos, nariz, boca y cuello parecen desligarse. Conviviendo en un rostro que ya no es tal. La boca se abre para coger aire, en una gran bocanada, pero los ojos están demasiado ocupados retando a sus contrarios para no siquiera inmutarse. Cada vez más serios, más rojos, más vacíos.

El pecho de mi reflejo sube y baja con rapidez, sin resuello. Las manos apretadas para no moverse. Y la mirada impertérrita prosigue su particular lucha para no dirigirse al fondo, a la sombra que acecha por el rabillo del ojo. Ese movimiento imperceptible allí en el fondo de la brillante superficie antes de parpadear. Así que no lo hace. Y ya no hay boca, no hay nariz, ni siquiera la respiración inquieta. Sólo unos ojos que no parpadean.

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Matar dragones con espadas de madera

Erase una vez… Quizás esta historia no debería comenzar así, ese es el comienzo de los cuentos y esto no es un cuento. Es la trastienda de un cuento. Es una historia de cuando los lobos aún consideraban que merecía la pena hablar con los humanos, de cuando las calabazas se convertían en carrozas y los reyes eran tenían magos que les ayudaban (o no) a gobernar bien el reino (o  no).

En esta época había muchos reyes, y muchas princesas. Pero la población de príncipes escaseaba. Y esto era un serio problema, porque si no había príncipes… ¿Quién iba a librar a las princesas de sus maldiciones, de sus madrastras? En definitiva, sin príncipes no había quien terminase las historias. Es por eso que cuando nacieron dos pequeños príncipes, de dos pequeños reinos, todo el mundo estalló de alegría. Les llamaron el Príncipe encantador y el Príncipe Azul y todos soñaban con su rescate a las princesas y su maravillosa vida en palacio. Las fábulas se crearon antes de que las salvaran, y su leyenda creció y creció mientras los dos pequeños príncipes crecían juntos jugando a matar dragones y a salvarse el uno al otro de innombrables peligros con sus espadas de madera.

Crecieron y crecieron, siempre juntos, altos, apuestos, inteligentes y bondadosos (eran príncipes al fin de al cabo), pero había algo que no cuadraba en este maravilloso mundo de cuento. Y es que realmente esto no es un cuento, y a nuestros dos principitos las princesas les daban igual. Eran molestas, se desmayaban cada dos por tres (una de ellas no hacía más que quedarse dormida en medio de todos los juegos y era una aguafiestas) y lo peor de todo, les preguntaban que tenían que hacer cada dos segundos. Ellos dos juntos se sobraban y se bastaban. Esto tenía muy preocupados a los monarcas, porque la superpoblación de princesas era importante (estaba la narcoléptica, esa que vivía en concubinato con unos enanos, aquella otra que tenía agorafobia y se había encerrado en una torre sin puertas y se negaba a salir…), todas necesitaban ayuda y sólo tenían dos príncipes, que encima estaban más interesados el uno en el otro que ayudar a esas pobres damiselas.

Los monarcas y sus consejeros, se reunieron en un gran Concilio internacional para solucionar este grave problema, aprovechando que los príncipes andaban explorando el reino (y de paso otras cosas) en busca de princesas (besar princesas dormidas forma parte de los deberes ineludible de todo príncipe de fábula que se precie). El Concilio decidió que lo mejor era separarles de raíz. Que cada uno realizase las exploraciones en una punta distinta de los reinos. Así podrían enamorarse de las princesas, ser felices y comer perdices.

Y así se hizo. Pese a las protestas de los dos pobres príncipes, se envió a cada uno a una punta de los reinos. A uno le enviaron a matar un dragón negro y morado, que al príncipe le pareció bastante bonito todo hay que decirlo, y al otro le enviaron a supervisar el estado de los bosques (había rumores de que los lobos volvían a intentar comer niñas, de momento sólo una había sido lo bastante estúpida como para caer en su trampa y ponerse en peligro…pero nunca se sabe). Ambos se encontraron con una princesa dormida (aunque el príncipe azul, conociendo a la madre de la suya, tenía la sospecha de que Blancanieves  lo que tenía era una sobredosis, pero nunca se lo dirá a nadie). Ambos la besaron…y para su desgracia ambas se despertaron.

En la boda hubo perdices, pero no príncipes felices. Princesas si, hubo una feliz (demasiado), la pobre Bella durmiente, se pasó toda su boda haciendo honor a su nombre dando cabezadas, así que no se enteró de mucho.

Podría parecer que los príncipes no fueron felices nunca, porque los cuentos paran en la boda. Pero esto no es un cuento. Así que supongo que puedo contaron un poco más.

Blancanieves, después de tener un robusto niño, desapareció del palacio y los rumores apuntan a que volvió con sus enanitos. Cuando más tarde le preguntaron, afirmó que su vida sexual era ahora mucho más plena.

La Bella durmiente, decidió que estar despierta durante tanto tiempo era una pesadez. Las discusiones maritales con su marido eran épicas y hacían temblar los cimientos del castillo. Fueron el primer divorcio principesco de la historia de las fábulas. Buscó a la bruja del reino, le pidió una torre, unas zarzas, y volvió a quedarse dormida. En la entrada puso un cartel que ponía “No besar, no molestar”.

Nuestros príncipes unieron los dos reinos, en el primer matrimonio gay de los cuentos.

La madre del príncipe azul tuvo un ataque de ansiedad cuando se enteró.

El padre directamente se desmayó.

El padre del príncipe encantador estaba demasiado ocupado riéndose del otro rey como para preocuparse de con quien se casaba su hijo.

La madre dijo “Estupendo, se ven tan bien juntos.” Más tarde organizó la primera asociación de apoyo a la comunidad LGTB en el mundo literario.

Y colorín colorado….

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Tensión

Tensión: 1.situación de oposición o de hostilidad no manifiesta abiertamente entre personas o entre grupos humanos.2.Estado emocional caracterizado por la excitación, la impaciencia o la exaltación.

1936. En Madrid da miedo encender una cerilla. Por si explota todo. Se hace como que no se ve, pero es imposible no hacerlo. Es imposible no darse cuenta de que cada vez hay más ataques. Un día un anarquista muerto y entre susurros “Han sido los falangistas”. Otro día un falangista y de lugar en lugar se oye el mismo murmullo “los rojos”. Es imposible no notarlo, a no ser que estés especialmente entrenado para no notar esas cosas. Ese es el caso de la familia Guerrero. Al menos de su madre. ¿Qué hay un muerto anarquista? “No tendrá nada que ver, es que últimamente hay mucha delincuencia no se puede andar tranquila por la calle.”

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Nunca escuches a espejos parlantes

Erase una vez un reino que tenía un castillo, y en ese castillo vivía una pareja de reyes que hacía mucho tiempo que querían tener un hijo y no habían podido hasta que de pronto la reina se quedó embarazada de una niña  (lo que todo el mundo sabía y el rey no es que esa hija realmente era del capitán de la guardia, porque si hubieran tenido que esperar a que el rey engendrase un heredero, bueno…seguirían sentados esperando).

Pero no es ese castillo lo que nos interesa en este cuento, ni tampoco el nacimiento de su princesa. Así que bajaremos por la calle principal, pasaremos de largo el barrio de los nobles porque esos barrios solo dan pie a historias de caballerías y nosotros estamos buscando un cuento. Pasamos de largo por el barrio de la burguesía, porque no queremos un drama de enredos amorosos y traiciones por dinero. Mejor salgamos de la ciudad, donde las ratas corretean y esa niña está llorando sobre la rueda de tejer porque su padre decidió decirle al rey que podía convertir la paja en hilos de oro, donde los duendecillos esconden calderos de oro debajo del barro y las heces de caballo porque a nadie se le ocurriría buscar oro en un lugar  tan miserable. Entremos en esa cabaña destartalada, con goteras y con el techo medio derruido donde acaba de nacer una niña que, para qué os voy a mentir, es sencillamente preciosa. Es ahí donde comienza nuestro cuento, no es muy glamuroso pero es un comienzo al fin de al cabo.

Esta niña tenía un nombre, pero yo como Cervantes y ni quiero, ni puedo, acordarme de él. Tampoco es importante para nuestra historia. Lo que como lector debes saber es que la niña fue creciendo y poco a poco fue convirtiéndose en la belleza local, Mary y su corderito palidecían de envidia cada vez que la veían pasar. Era una belleza de cuento de esas que quitan la respiración y enamoran a príncipes y reyes. Sus padres vieron en ello la manera de salir de la pobreza. Compraron un vestido bonito, le pusieron unos tirabuzones y la presentaron al concurso de belleza más importante de la comarca el de “Miss manzana jugosa”. Ganó.

Ganó giras promocionando las mejores manzanas en 15 millas a la redonda, de feria en feria siempre sonriente y vigilando que ninguna arruga estropease su fuente de ingresos. Se hizo famosa, firmó autógrafos, tenía admiradores por doquier… y un rey viudo bastante mayor que ella y, porque no decirlo, bastante más pervertido también se fijó en ella. Vio su vida resuelta y en menos de dos semanas ya era la flamante reina de un país y la madrastra de una mocosa bastante llorona. Se dio cuenta de que no iba  a pasar más hambre, no mientras el rey siguiese deseándola, iba a tener poder y por fin se había librado de la larga sombra de sus padres. Pero estaba sola y el paso de la edad seguía asustándola sobremanera. Ella sólo era un rostro hermoso y una piel perfecta ¿Cómo iba sobrevivir cuando eso se fuese?

Para solucionarlo consiguió llamar a su amiga de la infancia (que no les gustaba nada a sus padres porque, bueno, a los padres no les suelen gustar las amigas que visten de negro, tienen cuervos como mascotas, van a ir a una escuela de magia y a cuyo mote es “Maléfica” o “la Mala”, son manías raras de esas que tienen los padres desde el principio de los tiempos). La habitación de la ex Miss Manzana jugosa, ahora reina, continuó rodeada de pócimas en la habitación, cubierta de velos cuando salía a los actos públicos. Cada vez más hermosa, cada vez más sola, cada vez más asustada, cada vez con más espejos en la habitación que traía Maléfica siempre con un “A ver si con este te convences de lo hermosa que eres, la más hermosa del reino”. Tanto lo repitió Maléfica que la reina no hacía más que esperar todos los días a su nuevo espejo, espejos mágicos que no sólo reflejaban sino que retenían la imagen de la reina en el momento en que se miraba al espejo. Y la voz de su amiga invariable “la más hermosa de todas”. Cuando pasó a decírselo con caricias no lo tiene ninguna de las dos muy claro, y no soy yo quién para averiguarlo. Y de las caricias a los besos a escondidas no hubo más que un suspiro, un susurro “la más hermosa de todas” entrando en espirales por el oído de la reina y calentándole el corazón.

Por varios años fue feliz con ese susurro intermitente. Mientras su hijastra crecía. Un día el susurro cambió… y el resto es historia.

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Homenaje a Walt Whitman

Escucha bien, yo soy el joven que hace resonar su grito furioso en los confines del mundo. Yo soy el viejo que le mira indulgente. Estoy en tus entrañas. Escúchame bien y no te atrevas a leerme con tu cerebro, ni con tus ojos. Exijo que me leas con las tripas. Estoy cansado de que me diseccionen, quiero viajar por ese torrente sanguíneo que tú y yo compartimos con ese viejo loco de dientes sudorosos que se atrevió a cantarse a su mismo.

Escúchame bien te digo porque yo soy ese secreto vergonzoso que guardas bajo la almohada. También ese trofeo que muestras en la entrada de tu hogar. Estoy maldito y estoy bendito. Caprichoso. Voluble.

Eterno.

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¡Soy una croqueta!

Daniel no recuerda ir muchas veces a la playa. Dos o tres veces más a lo sumo. Tampoco es que le importe mucho. No le gusta demasiado. Toda esa arena es bastante incómoda. Por el otro lado hay chicas en bikini. En fin que se siente un tanto ambiguo hacia la playa.

Su hermano Samuel adora la playa. Solía ir con Jésica, antes de romper… Siempre que le pedía que le diese crema en la espalda exclamaba “¡Pero si no llego, gigante! Admítelo, te regaban cuando eras pequeño”. Luego Sam se reía e intentaba cuadrar en alguna toalla que siempre se le quedaba pequeña.

La primera vez que fueron a la playa fue poco después de morir mama. Sam tenía cinco años, y Daniel había estado de morros durante todo el trayecto (pero no dijo nada, porque si papá decía que le tenían que esperar en la playa, bueno, por algo sería ¿no?). Cuando llegaron allí Sam salió corriendo hacia al agua y Dani se quedó a escuchar las instrucciones de su padre: no dejes que le pase nada, no dejes que se meta muy profundo, cuida de tu hermano Daniel, eso es lo único que tienes que hacer, cuidar de tu hermano.

Para cuando se quisieron dar cuenta Sam había regresado corriendo, empapado, cubierto de agua y de arena y con los ojos brillantes de excitación.

-¡Dani, Dani! ¡Mira! ¡¡¡¡Soy una croqueta!!!!

Esa fue de las pocas veces que Dani vio a su padre reírse a carcajadas. La primera desde lo de mamá. Quizá la playa no estuviese tan mal después de todo.

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Un, dos, tres… Rock´n´Roll

A veces el mundo es perfecto. Si no te lo crees prueba a estar en una habitación con Los Eagles en el gramófono demostrando como de cojonudas pueden ser unas progresiones de guitarra cuando sigues la curva de una espalda a su ritmo. Cada nota es una caricia y cada silencio tu lengua en una peca y una cicatriz distintas. Y eso es infinitamente mejor cuando la espalda en cuestión es la de Rober, la espalda más pluscuamperfectamente larga con la que has tenido el placer de encontrarte. Ahora intenta decirle a Santi Nervión, renegado en su propia casa, puro rock´n´roll que eso no es perfecto. Si no lo es, se parece bastante.

La primera vertebra de la base de la nuca brilla con el sudor.

Rober da gracias a todos los dioses, paganos y cristianos, conocidos y desconocidos, estén o no estén escuchándole por haber cruzado a Santi en su camino. El que Santi, Casanova irremediable, toda una leyenda susurrada entre risas sofocadas en los dormitorios femeninos y entre murmullos de admiración en los masculinos; Santi , ese que huele a tabaco, cuero y gasolina le haya elegido a él, precisamente escapa a su comprensión. Lo que Rober no sabe es que Santi da gracias a todos y cada uno de esos mismos dioses porque aquel primer día un chico de nariz interminable y labios imposibles, con ropa que siempre daba la impresión de quedarle demasiado grande aunque fuese tan alto que le fuese imposible no resultar desgarbado, entrase en su vagón para ir al colegio y le pidiese por favor (Atención ¡Por favor! A él, que lo más amable que le había dicho su madre en casa era “Santiago compórtate, no avergüences a la familia o haré que te arrepientas” murmurado entre una falsa sonrisa que podría helarle la sangre al más frio de los asesinos)  que si podía sentarse, fue lo mejor que pudo haberle pasado. Y lo sabe. En un principio estuvo tentado de bufarle y despanzurrarse aún más en el asiento y que se atreviese a intentarlo si quería. Pero en lugar de eso cuando el flacucho estaba a punto de salir por la puerta quitó las botas llenas de barro del asiento de enfrente y dijo “Eh tu ¿Te sientas o no?”. Cuando a Santi su madre le dice que no sabe hacer nada bien siempre piensa “Y una mierda, dejé sentarse a Rober, estúpida”.

Dos, si Rober tuviese alas estas nacerían en esa cicatriz tan larga que tiene entre los omoplatos.

Rober es todo huesos. Y bastante blancucho,  tiene tantas pecas que parece que en el jardín se sienta con un colador delante de la cara. Y realmente no entiende cómo es posible que Santi consiga estar moreno hasta en invierno. Porque él en su abanico cromático referente a la piel solo conoce dos colores: blanco inglés y rojo cangrejo. Muy británico todo.  El color de Santi probablemente tenga bastante que ver con que se pase la vida entrenando. Gritando a pleno pulmón (que para algo es el capitán del equipo de fútbol) las frases más coloristas que se le ocurren. Una vez le oyó recurrir a Shakespeare y todo, San Crispín más concretamente. Rober hace tiempo intentó hacer algo de deporte (más que nada porque sino Juan y Santi no le iban a dar un segundo de paz). A los 3 segundos estaba en suelo.  Tuvo que prohibir a Santi que le siguiese por todo el colegio apartando cualquier cosa o persona mínimamente peligrosa durante todo el día.

Tres, en la curva de la espalda sus vertebras desaparecen en un surco.

La primera vez que se besaron fue sin manos. Estaban discutiendo sobre el nivel de estupidez de ese chico con el que Rober pasaba tanto tiempo últimamente. “¡Por todos los demonios Rober!, que seas gay vale, ¿Pero con un empollón? ¡Si tiene cara de topo!”. Y entonces Rober dijo algo perfectamente lógico y calmado y bastante pasivo-agresivo, para que negar lo evidente.  En resumen, ejerció de Rober. Y entonces Santi grito explotó y pataleó como un niño cuando le quitan una piruleta, es decir se comportó como Santi. Cuando más tarde le contaban esta historia a Juan, Santi negó esta parte, porque es evidente que Santiago Nervión  no patalea, enfrenta el mundo a su furia. James afirmó “evidentemente, sí, claro” y luego miró a Rober por encima de las gafas mientras le guiñaba el ojo. El siguiente recuerdo de aquella discusión incluye a un Rober acorralado contra la pared, un Santiago Nervión tan enorme como su ego, labios, saliva y más lengua de Santi de la que Rober creyó ser capaz de soportar sin sufrir un ataque cardiaco.

Cuatro, si repasas con la lengua esa cicatriz que sale de la base de la columna y se pierde en la cinturilla del pantalón, Rober no puede reprimir una exclamación sofocada.

Rober no soporta los malos modales. Todo lo acompaña con un “por favor” o con un “gracias”. Debe ser la ascendencia inglesa. De todas formas nunca ha podido hacer alarde de esa educación en casa de los Nervión. Demasiado poco sofisticado, demasiado peligroso para lo que esa familia considera adecuado.  Aún así ha tenido vislumbres de esas fiestas. Generalmente de los preparativos, ya que va antes para no cruzarse con los invitados. Pero un día tuvo que volver a recoger la chaqueta. Aún recuerda los gritos “¡Avergonzaste a la familia!  ¡No te pago un colegio de pago para que tires el tenedor al suelo!” los golpes y los gemidos ahogados. En casa de los Nervión la mala educación y la torpeza se pagan caras. Al día siguiente en el comedor del colegio cuando Santi  comenzó un concurso de eructos con Juan, Santi le pasó la gaseosa.

Cinco, en el omóplato derecho Rober tiene un lunar que a Santi le resulta imposible no morder.

A Rober siempre le han gustado los chicos. A Santi siempre le han gustado las chicas. Rober se enamoró de Santi. Santi se enamoraba de todas… y se quedó con Rober. A Rober le gustaba Benny Goodman y Keats. Santi veneraba a Jagger y compró “Las flores del mal “de Baudelaire porque le gustó el título. Los libros de Rober estaban perfectamente apilados en su mesa, los de Santi estaban escondidos debajo de la cama porque la poesía es de cursis. Pero extrañamente juntos forman una melodía perfectamente acompasada, los domingos, estirados lánguidos entre las sábanas revueltas.

Hace bastante rato que los Eagles abandonaron el Hotel California. Y sinceramente no importa, porque Rober se da la vuelta debajo de él con una sonrisa en la cara.

-Se acabo el tiempo del Rock´n´roll, ahora te voy a hacer bailar twist.

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