Archivo de la etiqueta: creación propia

Poesía

Este poema surgió de un trabajo de clase, en el que teníamos que inspirarnos en otro escritor. Hace tanto que lo hice que no recuerdo quien era el escritor elegido, pero la he encontrado hoy, en una carpeta y nunca escribo poesía y he querido compartirlo.

 

Ansío de ti mis lunas, mis dolidas madrugadas

los escasos momentos logrados

entre tantas horas perdidas.

Ansío el cielo.

 

Por ti, ansío lo inacabado y las gotas de lluvia caídas

las palabras vivas frente al olvido,

los sueños que prometías aún siendo quimeras

Ansío soñar contigo, ansío quererte

 

Pero en el amanecer de nuestras horas perdidas

donde sólo quedaron los pocos segundos logrados

Comprendo que quizá yo no soy yo

si sólo te ansío dormida

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo creación propia

Tensión

Tensión: 1.situación de oposición o de hostilidad no manifiesta abiertamente entre personas o entre grupos humanos.2.Estado emocional caracterizado por la excitación, la impaciencia o la exaltación.

1936. En Madrid da miedo encender una cerilla. Por si explota todo. Se hace como que no se ve, pero es imposible no hacerlo. Es imposible no darse cuenta de que cada vez hay más ataques. Un día un anarquista muerto y entre susurros “Han sido los falangistas”. Otro día un falangista y de lugar en lugar se oye el mismo murmullo “los rojos”. Es imposible no notarlo, a no ser que estés especialmente entrenado para no notar esas cosas. Ese es el caso de la familia Guerrero. Al menos de su madre. ¿Qué hay un muerto anarquista? “No tendrá nada que ver, es que últimamente hay mucha delincuencia no se puede andar tranquila por la calle.”

Sigue leyendo

1 comentario

Archivado bajo creación propia

Nunca escuches a espejos parlantes

Erase una vez un reino que tenía un castillo, y en ese castillo vivía una pareja de reyes que hacía mucho tiempo que querían tener un hijo y no habían podido hasta que de pronto la reina se quedó embarazada de una niña  (lo que todo el mundo sabía y el rey no es que esa hija realmente era del capitán de la guardia, porque si hubieran tenido que esperar a que el rey engendrase un heredero, bueno…seguirían sentados esperando).

Pero no es ese castillo lo que nos interesa en este cuento, ni tampoco el nacimiento de su princesa. Así que bajaremos por la calle principal, pasaremos de largo el barrio de los nobles porque esos barrios solo dan pie a historias de caballerías y nosotros estamos buscando un cuento. Pasamos de largo por el barrio de la burguesía, porque no queremos un drama de enredos amorosos y traiciones por dinero. Mejor salgamos de la ciudad, donde las ratas corretean y esa niña está llorando sobre la rueda de tejer porque su padre decidió decirle al rey que podía convertir la paja en hilos de oro, donde los duendecillos esconden calderos de oro debajo del barro y las heces de caballo porque a nadie se le ocurriría buscar oro en un lugar  tan miserable. Entremos en esa cabaña destartalada, con goteras y con el techo medio derruido donde acaba de nacer una niña que, para qué os voy a mentir, es sencillamente preciosa. Es ahí donde comienza nuestro cuento, no es muy glamuroso pero es un comienzo al fin de al cabo.

Esta niña tenía un nombre, pero yo como Cervantes y ni quiero, ni puedo, acordarme de él. Tampoco es importante para nuestra historia. Lo que como lector debes saber es que la niña fue creciendo y poco a poco fue convirtiéndose en la belleza local, Mary y su corderito palidecían de envidia cada vez que la veían pasar. Era una belleza de cuento de esas que quitan la respiración y enamoran a príncipes y reyes. Sus padres vieron en ello la manera de salir de la pobreza. Compraron un vestido bonito, le pusieron unos tirabuzones y la presentaron al concurso de belleza más importante de la comarca el de “Miss manzana jugosa”. Ganó.

Ganó giras promocionando las mejores manzanas en 15 millas a la redonda, de feria en feria siempre sonriente y vigilando que ninguna arruga estropease su fuente de ingresos. Se hizo famosa, firmó autógrafos, tenía admiradores por doquier… y un rey viudo bastante mayor que ella y, porque no decirlo, bastante más pervertido también se fijó en ella. Vio su vida resuelta y en menos de dos semanas ya era la flamante reina de un país y la madrastra de una mocosa bastante llorona. Se dio cuenta de que no iba  a pasar más hambre, no mientras el rey siguiese deseándola, iba a tener poder y por fin se había librado de la larga sombra de sus padres. Pero estaba sola y el paso de la edad seguía asustándola sobremanera. Ella sólo era un rostro hermoso y una piel perfecta ¿Cómo iba sobrevivir cuando eso se fuese?

Para solucionarlo consiguió llamar a su amiga de la infancia (que no les gustaba nada a sus padres porque, bueno, a los padres no les suelen gustar las amigas que visten de negro, tienen cuervos como mascotas, van a ir a una escuela de magia y a cuyo mote es “Maléfica” o “la Mala”, son manías raras de esas que tienen los padres desde el principio de los tiempos). La habitación de la ex Miss Manzana jugosa, ahora reina, continuó rodeada de pócimas en la habitación, cubierta de velos cuando salía a los actos públicos. Cada vez más hermosa, cada vez más sola, cada vez más asustada, cada vez con más espejos en la habitación que traía Maléfica siempre con un “A ver si con este te convences de lo hermosa que eres, la más hermosa del reino”. Tanto lo repitió Maléfica que la reina no hacía más que esperar todos los días a su nuevo espejo, espejos mágicos que no sólo reflejaban sino que retenían la imagen de la reina en el momento en que se miraba al espejo. Y la voz de su amiga invariable “la más hermosa de todas”. Cuando pasó a decírselo con caricias no lo tiene ninguna de las dos muy claro, y no soy yo quién para averiguarlo. Y de las caricias a los besos a escondidas no hubo más que un suspiro, un susurro “la más hermosa de todas” entrando en espirales por el oído de la reina y calentándole el corazón.

Por varios años fue feliz con ese susurro intermitente. Mientras su hijastra crecía. Un día el susurro cambió… y el resto es historia.

1 comentario

Archivado bajo creación propia

Homenaje a Walt Whitman

Escucha bien, yo soy el joven que hace resonar su grito furioso en los confines del mundo. Yo soy el viejo que le mira indulgente. Estoy en tus entrañas. Escúchame bien y no te atrevas a leerme con tu cerebro, ni con tus ojos. Exijo que me leas con las tripas. Estoy cansado de que me diseccionen, quiero viajar por ese torrente sanguíneo que tú y yo compartimos con ese viejo loco de dientes sudorosos que se atrevió a cantarse a su mismo.

Escúchame bien te digo porque yo soy ese secreto vergonzoso que guardas bajo la almohada. También ese trofeo que muestras en la entrada de tu hogar. Estoy maldito y estoy bendito. Caprichoso. Voluble.

Eterno.

1 comentario

Archivado bajo creación propia

¡Soy una croqueta!

Daniel no recuerda ir muchas veces a la playa. Dos o tres veces más a lo sumo. Tampoco es que le importe mucho. No le gusta demasiado. Toda esa arena es bastante incómoda. Por el otro lado hay chicas en bikini. En fin que se siente un tanto ambiguo hacia la playa.

Su hermano Samuel adora la playa. Solía ir con Jésica, antes de romper… Siempre que le pedía que le diese crema en la espalda exclamaba “¡Pero si no llego, gigante! Admítelo, te regaban cuando eras pequeño”. Luego Sam se reía e intentaba cuadrar en alguna toalla que siempre se le quedaba pequeña.

La primera vez que fueron a la playa fue poco después de morir mama. Sam tenía cinco años, y Daniel había estado de morros durante todo el trayecto (pero no dijo nada, porque si papá decía que le tenían que esperar en la playa, bueno, por algo sería ¿no?). Cuando llegaron allí Sam salió corriendo hacia al agua y Dani se quedó a escuchar las instrucciones de su padre: no dejes que le pase nada, no dejes que se meta muy profundo, cuida de tu hermano Daniel, eso es lo único que tienes que hacer, cuidar de tu hermano.

Para cuando se quisieron dar cuenta Sam había regresado corriendo, empapado, cubierto de agua y de arena y con los ojos brillantes de excitación.

-¡Dani, Dani! ¡Mira! ¡¡¡¡Soy una croqueta!!!!

Esa fue de las pocas veces que Dani vio a su padre reírse a carcajadas. La primera desde lo de mamá. Quizá la playa no estuviese tan mal después de todo.

Deja un comentario

Archivado bajo creación propia

Un, dos, tres… Rock´n´Roll

A veces el mundo es perfecto. Si no te lo crees prueba a estar en una habitación con Los Eagles en el gramófono demostrando como de cojonudas pueden ser unas progresiones de guitarra cuando sigues la curva de una espalda a su ritmo. Cada nota es una caricia y cada silencio tu lengua en una peca y una cicatriz distintas. Y eso es infinitamente mejor cuando la espalda en cuestión es la de Rober, la espalda más pluscuamperfectamente larga con la que has tenido el placer de encontrarte. Ahora intenta decirle a Santi Nervión, renegado en su propia casa, puro rock´n´roll que eso no es perfecto. Si no lo es, se parece bastante.

La primera vertebra de la base de la nuca brilla con el sudor.

Rober da gracias a todos los dioses, paganos y cristianos, conocidos y desconocidos, estén o no estén escuchándole por haber cruzado a Santi en su camino. El que Santi, Casanova irremediable, toda una leyenda susurrada entre risas sofocadas en los dormitorios femeninos y entre murmullos de admiración en los masculinos; Santi , ese que huele a tabaco, cuero y gasolina le haya elegido a él, precisamente escapa a su comprensión. Lo que Rober no sabe es que Santi da gracias a todos y cada uno de esos mismos dioses porque aquel primer día un chico de nariz interminable y labios imposibles, con ropa que siempre daba la impresión de quedarle demasiado grande aunque fuese tan alto que le fuese imposible no resultar desgarbado, entrase en su vagón para ir al colegio y le pidiese por favor (Atención ¡Por favor! A él, que lo más amable que le había dicho su madre en casa era “Santiago compórtate, no avergüences a la familia o haré que te arrepientas” murmurado entre una falsa sonrisa que podría helarle la sangre al más frio de los asesinos)  que si podía sentarse, fue lo mejor que pudo haberle pasado. Y lo sabe. En un principio estuvo tentado de bufarle y despanzurrarse aún más en el asiento y que se atreviese a intentarlo si quería. Pero en lugar de eso cuando el flacucho estaba a punto de salir por la puerta quitó las botas llenas de barro del asiento de enfrente y dijo “Eh tu ¿Te sientas o no?”. Cuando a Santi su madre le dice que no sabe hacer nada bien siempre piensa “Y una mierda, dejé sentarse a Rober, estúpida”.

Dos, si Rober tuviese alas estas nacerían en esa cicatriz tan larga que tiene entre los omoplatos.

Rober es todo huesos. Y bastante blancucho,  tiene tantas pecas que parece que en el jardín se sienta con un colador delante de la cara. Y realmente no entiende cómo es posible que Santi consiga estar moreno hasta en invierno. Porque él en su abanico cromático referente a la piel solo conoce dos colores: blanco inglés y rojo cangrejo. Muy británico todo.  El color de Santi probablemente tenga bastante que ver con que se pase la vida entrenando. Gritando a pleno pulmón (que para algo es el capitán del equipo de fútbol) las frases más coloristas que se le ocurren. Una vez le oyó recurrir a Shakespeare y todo, San Crispín más concretamente. Rober hace tiempo intentó hacer algo de deporte (más que nada porque sino Juan y Santi no le iban a dar un segundo de paz). A los 3 segundos estaba en suelo.  Tuvo que prohibir a Santi que le siguiese por todo el colegio apartando cualquier cosa o persona mínimamente peligrosa durante todo el día.

Tres, en la curva de la espalda sus vertebras desaparecen en un surco.

La primera vez que se besaron fue sin manos. Estaban discutiendo sobre el nivel de estupidez de ese chico con el que Rober pasaba tanto tiempo últimamente. “¡Por todos los demonios Rober!, que seas gay vale, ¿Pero con un empollón? ¡Si tiene cara de topo!”. Y entonces Rober dijo algo perfectamente lógico y calmado y bastante pasivo-agresivo, para que negar lo evidente.  En resumen, ejerció de Rober. Y entonces Santi grito explotó y pataleó como un niño cuando le quitan una piruleta, es decir se comportó como Santi. Cuando más tarde le contaban esta historia a Juan, Santi negó esta parte, porque es evidente que Santiago Nervión  no patalea, enfrenta el mundo a su furia. James afirmó “evidentemente, sí, claro” y luego miró a Rober por encima de las gafas mientras le guiñaba el ojo. El siguiente recuerdo de aquella discusión incluye a un Rober acorralado contra la pared, un Santiago Nervión tan enorme como su ego, labios, saliva y más lengua de Santi de la que Rober creyó ser capaz de soportar sin sufrir un ataque cardiaco.

Cuatro, si repasas con la lengua esa cicatriz que sale de la base de la columna y se pierde en la cinturilla del pantalón, Rober no puede reprimir una exclamación sofocada.

Rober no soporta los malos modales. Todo lo acompaña con un “por favor” o con un “gracias”. Debe ser la ascendencia inglesa. De todas formas nunca ha podido hacer alarde de esa educación en casa de los Nervión. Demasiado poco sofisticado, demasiado peligroso para lo que esa familia considera adecuado.  Aún así ha tenido vislumbres de esas fiestas. Generalmente de los preparativos, ya que va antes para no cruzarse con los invitados. Pero un día tuvo que volver a recoger la chaqueta. Aún recuerda los gritos “¡Avergonzaste a la familia!  ¡No te pago un colegio de pago para que tires el tenedor al suelo!” los golpes y los gemidos ahogados. En casa de los Nervión la mala educación y la torpeza se pagan caras. Al día siguiente en el comedor del colegio cuando Santi  comenzó un concurso de eructos con Juan, Santi le pasó la gaseosa.

Cinco, en el omóplato derecho Rober tiene un lunar que a Santi le resulta imposible no morder.

A Rober siempre le han gustado los chicos. A Santi siempre le han gustado las chicas. Rober se enamoró de Santi. Santi se enamoraba de todas… y se quedó con Rober. A Rober le gustaba Benny Goodman y Keats. Santi veneraba a Jagger y compró “Las flores del mal “de Baudelaire porque le gustó el título. Los libros de Rober estaban perfectamente apilados en su mesa, los de Santi estaban escondidos debajo de la cama porque la poesía es de cursis. Pero extrañamente juntos forman una melodía perfectamente acompasada, los domingos, estirados lánguidos entre las sábanas revueltas.

Hace bastante rato que los Eagles abandonaron el Hotel California. Y sinceramente no importa, porque Rober se da la vuelta debajo de él con una sonrisa en la cara.

-Se acabo el tiempo del Rock´n´roll, ahora te voy a hacer bailar twist.

3 comentarios

Archivado bajo creación propia

Cuando el rosa dejó de ser rosa y todo mejoró

A Miri, por que siempre intenta darle color a las cosas.

Érase una vez, una princesa… rosa. Muy rosa. A la princesa esto ni le gustaba ni le disgustaba porque, en fin, su reino era rosa y cuando solo conoces un color no es que puedas comparar mucho. Así que la princesa era razonablemente feliz en su mundo monocromo.

Pero ser razonablemente feliz, no es que sea suficiente para una princesa. Al menos para la nuestra. Nuestra princesa se aburría. Mucho. Las otras princesas eran sosas, y los príncipes aburridos y nunca le dejaban comerse entero el tarro de galletas de fresa. Así que como nuestra princesa era un poco caprichosa (sólo un poco, lo justo para que no se rumorease que no era una princesa como los cuentos mandan) decidió irse de viaje por su mundo rosa (y no era una exageración, los montes eran rosas, los pájaros también y hasta la gente tenía un tono rosáceo muy saludable).

Entonces tenemos a una protagonista viajera, muy viajera, sus acompañantes de camino (todos esos seres tan rositas) aseguran que es “demasiado” viajera. No debe ser bueno alejarse tanto del castillo. Caminó tanto que llegó a los confines de su reino…. Y se quedó muy confusa… nuestra princesa se restregó una y otra vez los ojos por si se le había metido una mota de polvo. Pero no, aquello que había delante de sus ojos ( atención que esto es muy importante): No. Era. Rosa.

Puede que os parezca una tontería pero cuando uno no conoce otra cosa más que el rosa, ver algo que no lo es como mínimo resulta…perturbador. Pero nuestra princesa no se amilana, se arremanga las enaguas (rosas) y se adentra en ese color tan raro porque “Oh, vamos, no está tan mal”.

Y la princesa anduvo y anduvo. Hasta que le dolieron los pies (rosas). Y se le rompieron las enaguas (rosas), y le dio sed (pero esa no era rosa porque la sed no tiene color sólo es molesta y horrible). Y vio un lago. Y el agua de ese color era realmente bonita. Con esos brillos. Nuestra princesa como era bastante lista hizo la cuenta: sed + agua= problema resuelto.

La princesa le preguntó a un pajarito del lago que cómo se llamaba ese extraño color, porque las cosas tienen que tener un nombre. El pajarito le guiñó un ojo, gorjeó un poquito y le dijo que se era el reino del azul, donde no hay princesas porque los príncipes se quieren entre ellos (de hecho el color viene de uno de los príncipes que le llaman príncipe Azul porque es eso.. bastante azul; también le dijo que al otro príncipe le llaman encantador, pero el pajarito no entendía porqué porque una vez le pidió unas miguitas de pan y no le dio así que no le resultaba nada encantador).

A la princesa le pareció fascinante eso de los dos príncipes, y después de beber agua corrió a contárselo a sus acompañantes (rosas) que la miraron asombrados (porque la princesa ya no era tan rosa). Y es que había ocurrido una cosa muy extraña, el color azul del lago… sumado al color rosa de la princesa había dado lugar a otro color. La gente más tarde lo llamó lila.

Y aunque la princesa siguió viajando mucho (en el país del verde conoció a un sapo que cantaba baladas country sobre una rana “con un croar que te cortaba el respirar”; y en el país rojo descubrió que los leones ronronean cuando les rascan detrás de la oreja… sólo hay que procurar llegar de una pieza al lado de la oreja) nunca volvió a mezclar colores porque le gustaba su color.

Así la princesa rosa, fue una princesa lila en un mundo que ya no era tan rosa (la rana country se mudó con ella y cantaban grandes baladas sobre el amor de los príncipes y de las ranas). No se sabe si con su nuevo color la princesa quitó la palabra “razonablemente” de delante de su “razonablemente feliz”, pero esta narradora prefiere pensar que sí.

2 comentarios

Archivado bajo creación propia

Tú nunca lograrías el Halcón Milenario

Necesita que alguien le recuerde porqué están allí. Es algo extraño reunirse todos ahora como si no hubiese pasado nada. Bueno, eso de todos es mentira porque el pobre Peter está cada vez más ocupado últimamente. Así que ahí están los tres esperando una fila interminable mientras Simón repite cada cinco minutos “Bobby, tío, llevamos aquí dos horas, más te vale que la maldita película sea buena”.

Y en respuesta cada cinco minutos Robert, también conocido como Bobby,  hace esa cosa, eso que les ha convencido para venir en primer lugar, lo que hace que sea imposible decirle que no, eso de mirar con los ojos muy brillantes de tras de las gafas mientras da pequeños botes como un niño que ha comido demasiado azúcar y decir como si fuese la obviedad más grande del planeta “¡Tiene naves espaciales, Simon! ¡Naves espaciales! Va a ser cojonuda fijo.”

Porque Bobby ya les ha llevado a ver Hustler Squad y Death Dimension  con un optimismo imparable que claramente Simón y Ronald no terminaban de compartir del todo.

Cuando, por fin, consiguen entrar a la sala, Simón se ha armado con un bote de palomitas tamaño gigante “si es un petardo que al menos tengamos provisiones  para sobrevivir”. Por primera vez en la historia de Simón Carter las palomitas duraron más que la película, y lo cual es mucho decir si hablamos de un tipo famoso por terminárselas siempre antes de los créditos iniciales (por eso y por haber ganado el concurso de comer tartas en el condado de Kentucky).

La  película comienza y Bobby se retuerce ansioso en su asiento,  Simon se queda quieto con una palomita camino de la  boca y Ronald simplemente se sonríe disfrutando de ese momento en el que las cicatrices que dejó la guerra pesan un poco menos.

-¡Ha sido la mejor película de toda la jodida historia del cine! ¡Visteis cuando sacaban las espadas y weeeeeeeeow weeeeeeeow! – grita Robert mientras imita los movimientos de las espadas- ¡Y las naves! ¡Son las mejores naves del mundo!

-No exageres Bobby, que no ha sido para tanto – Simon le comienza a lanzar las palomitas sobrantes- Aunque admito que no ha estado mal del todo.

-¿Qué no ha estado mal del todo! Quiero ser Han Solo tío, el Halcón Milenario es la mejor nave del mundo – Ronald sonríe, Robert y sus naves.

-No exageres eran mucho mejores las que han usado para destruir la estrella de la muerte esa, además tu nunca lograrías el Halcón Milenario, está claro que yo sería Han Solo.

Ronald deja escapar una carcajada, lo que le hace ganarse un bufido por parte de Sirius y un Yo soy el canalla atractivo de este grupo ¿no? Bobby es más del tipo Luke-granjero-ingenuo-Skywalker. Robert parece ofendido un momento, abre y cierra la boca, y luego se ilumina por dentro al mirar a Ronald.

-¡¡¡¡Entonces Ronald es tu Chewie!!!!!

Si los otros dos amigos hubieran abierto más los ojos probablemente se les hubieran salido de las órbitas, seguramente hubieran batido el record a los ojos más abiertos de la historia. Ante el “Te olvidas de que el perro gigante aquí es Simón, no he visto a nadie con el pelo tan largo en años” de Ronald,  Bobby continúa su explicación, como si fuera la cosa más evidente del planeta.

-Vamos, está claro como el agua. Es muuuuuuuuuuuucho más alto que nosotros – como para demostrarlo se pone a su lado  y se medio pone de puntillas con una expresión que grita a voces ¿ves cómo tengo razón?- Chewacca es el más alto de todos, y bastante más listo que Han todo hay que decirlo-  hace un gesto señalándolos a los dos, Simon le da una colleja pero aún así sigue- Además  es el único que consigue meter algo de sensatez en tu cabezota, y eso es totalmente lo que hace Chewie con Solo ¿no?

La risa de Ronald resonó en la calle desierta mientras veía a Simon correr detrás de James mientras gritaba.

-Ven aquí enano, que te voy a dejar con ganas de ir diciendo por ahí que en algún momento he tenido sensatez en el cuerpo. ¡Eso es una vergüenza!

Y Ronald les observó correr calle abajo, con las risas resonando en sus oídos, pensando que no necesitaban que le recordasen porque estaba allí, era bueno recordad que, pese a lo que habían visto en Vietnam, aun eran capaces de reír. Y de soñar con naves espaciales.

2 comentarios

Archivado bajo creación propia

Final en acorde de Mi menor

El sonido del piano inundó con un único acorde toda la habitación mientras ella dejaba el humo del cigarro escapar lentamente entre sus labios.

El rasgueo perezoso de la guitarra se unió al piano que repetía obcecado sus acordes, provocando que ella echase la cabeza hacia atrás y que a él le diesen ganas de escribirle una canción; sólo para que volviese a hacer justo eso. Pero en su lugar, se inclinó sobre ella, apartó el cigarro de su boca y la besó, dando gracias a todos los dioses conocidos, paganos o no, por haberla traído aquel día hasta aquella fiesta del brazo de aquel cantante ahora borroso, todavía  una niña con ojos sorprendidos y sonrisa insegura.

En las películas siempre hay banda sonora. En la vida real no suele haber ninguna. No la hubo cuando se conocieron por primera vez, ni cuando él la invitó a una copa y ella no sabía dónde poner sus manos. No hubo ninguna melodía melancólica cuando ese nuevo cantante con el que estaba le ofreció su primera raya, esa primera aspiración de veneno. Tampoco sonó ningún bajo sonando agorero la primera vez que fue a verla en el hospital, cuando todavía creían que lo de las sobredosis era algo puntual, cuando la besó porque no había nada más que pudiese hacer.

Pero ahora, en esa habitación, una voz profunda y rota se lamenta desde el gramófono de que Jesús murió por los pecados de alguien y no por los suyos. Y en ese momento, en el que la vida ha decidido ponerle banda sonora a su despedida es cuando él no la oye. La guitarra comienza a acelerarse como si tuviese prisa, cada vez más arriba. Nota como ella reverbera en sus manos como las vibraciones de la batería.  Un empujón, y el universo se reúne entre sus piernas. Placer, dolor y algo que no es lo ni uno ni lo otro latiendo en algún lugar entre los dos.

La guitarra les acompaña delirante, eterna, irredenta; antes de que la batería con un golpe seco acabe con su ascenso. Justo como debe acabar la mujer que tiene a su lado. Esa mujer que no necesita que nadie muera por sus pecados porque ella se basta para consumirse, para disolverse en el aire como el humo del cigarro que está encendiendo. Efímera como los acordes de la guitarra.

4 comentarios

Archivado bajo creación propia

Decisiones

Era su último día allí. Miró la habitación, ahora sólo ocupada por una simple cama y las paredes ahora desnudas y suspiró. Las últimas luces del día se reflejaban en un poderoso naranja en los ladrillos del que había sido su hogar durante años. Pero la fábrica había cerrado y con ella las casas que se habían construido a su alrededor se habían quedado vacías lentamente. Un barrio naranja de fantasmas obreros y de ilusiones perdidas. Sus ilusiones.

Sentada en la cama dejó que el día se despidiese de ella. Dejó que la brisa del atardecer le provocase un escalofrío y le pusiese la piel de gallina. El armario también estaba vacío, no tenía sentido intentar evitarlo. Era bueno notar algo. Percibía el roce de las sábanas en las piernas. Ásperas. Ahora hasta sus sábanas eran ásperas. Inspiró. Exhaló. Sopesó sus opciones y no le parecieron muy alentadoras. Volver con su madre y escuchar durante años un “te lo dije”; abusar de la hospitalidad de una amiga, pedir ayuda a su hermano y que éste se lo contase a su madre y, por lo tanto, volver al “Te lo dije, si hubieras estudiado, pero no… para qué vas a escuchar a tu pobre madre, que sabré yo, si sólo te he criado”.

El sol desaparece detrás de la fábrica que ahora es una mole oscura. En la habitación hace frío. Se tumba y se envuelve en la aspereza de sus sábanas. Mañana llamaría a su hermano.

1 comentario

Archivado bajo creación propia